jueves, 18 de junio de 2015

Pablo Picasso
Texto y Fotografías de Manuel Peñafiel

Manuel Peñafiel
Irma García Xochiquetzalli a la entrada del Musée National 
Picasso en París, Francia. Fotografía © Manuel Peñafiel
Para aprender a pintar, además de la habilidad natural, es necesario ir a la escuela, practicar mucho, y con la sencillez de un novato explorar aquellos universos donde ya han resplandecido talentos verdaderos. Ser pintor entraña la disciplina del estudio, debajo de la ropa está el cuerpo, y a éste, hay que aprender a dibujarlo dominando la anatomía. Sin embargo, en el Siglo XXI la pereza invade al ámbito de aquello que ahora cómodamente llaman “ arte “.
Picasso, dijo: Para ser artista es necesario 1% de inspiración y 99% de transpiración, él se refería al esfuerzo creador, después del dominio de la técnica el proceso culmina con el estilo propio, pero muchos se ahogan en espesa arrogancia haragana; abundan los que se hacen llamar “ artistas “, obteniendo exposiciones y “ éxito “ con relaciones públicas y adulatoria degradación hacia los burócratas.
La producción artística es la intrigante - fascinante combinación de laboriosidad, talento, imaginación y arrojo. La creatividad materializada emerge tras horas de ahínco.

Pablo Picasso fue atacado cuando mostró un cuadro llamado Las muchachas de Avignon, algunos de sus amigos pensaron que había perdido la razón, otros indignados, le dijeron que su lienzo era un desprestigio para la pintura. El acervo pictórico de Picasso representa a la naturaleza humana, cuando pintó algunas mujeres que conoció las desmembró, trazándolas con la sinceridad de alguien que acepta la innata crueldad masculina; presenció como lloran las hembras lastimadas, y con sus pinceles materializó aquellos perturbados rostros.

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Pablo Picasso realizó varios collages, uno de ellos es Femmes à Leur Toilette 
( Mujeres en su aseo ) elaborado en 1938; dicha obra aparece atrás 
de Irma García Xochiquetzalli, mientras ella captura con su cámara algunos souvenirs 
de su visita al Museo Nacional Picasso, en París. Fotografía © Manuel Peñafiel
Picasso, confesó: Si hay algo para robar, lo robo; pero esto no significó que plagiara burdamente, sino que visualmente se alimentó de las civilizaciones anteriores; en sus cuadros está la espontánea simetría del arte africano, y sin la menor duda, yo Manuel Peñafiel autor de este texto, afirmo que también absorbió la exquisitez de las obras del arte mesoamericano.

Tal vez a muchas personas las obras de Picasso les parezcan absurdas o grotescas, y les den la espalda, exclamando: ¡ Yo no entiendo eso !. El verdadero arte a pesar de parecer absurdo juego inventado por ociosos, es en realidad el polifacético espejo donde se refleja la conducta humana. Las efigies distorsionadas en los cuadros de Picasso no se deben al azar, con sus brochas él escupía el burlón desprecio que sentía por la precaria hipócrita substancia de la sociedad sometida a los prejuicios, las religiones, y la moda. Picasso al pintar, descuartizó a la tradición, lo hizo con el ánimo de un iracundo.
A este texto lo acompañan algunas de las fotografías que le tomé a mi esposa Irma García Xochiquetzalli cuando visitamos el Museo Nacional de Picasso en París; dicho recinto custodia bocetos, óleos, dibujos, collages, esculturas y cerámicas del español nacido en el año de 1881 en Málaga, y fallecido en Mougins, Francia en 1973.
Para concluir, agrego que: Ser artista es vivir en cruel ayuno, no nos satisface el cotidiano pan, solamente las rodajas de la luna y la jalea del placer, además, ansiamos crear un bálsamo para cicatrizar las heridas de la infancia; igual que alquimistas, los artistas apetecemos preparar un sedante para mitigar el disgusto que nos causa la discordante humanidad atrapada en la discordia.
El artista es carnívoro, igual a bestia hambrienta persigue la carne de las ideas.
Para crear es necesario olfatear, rastrear, morder la presa, con el hocico separar los inútiles pellejos, clavar los dientes en la pulpa original, masticar y tragar de prisa, antes de que otros vengan atraídos por la carnada, no por ser también cazadores sino imitadores. El artista hambriento engulle voraz, nunca está uno satisfecho, hambruna inconforme nos persigue.
El artista es un ser intangible, nos materializamos momentáneamente al destello de nuestra obra penetrando las pupilas, de ahí, surge el ánimo de sentirnos existentes.
Algunos pensarán que ciertos artistas irascibles somos, pero la parte nociva de la sociedad descarrila a nuestra armonía; la corrupción, el fraude, las guerras, el abuso de poder, la perversidad del clero, y el mancillamiento ecológico enferman nuestro horizonte.

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Irma García Xochiquetzalli posa alegremente para su esposo 
Manuel Peñafiel, entre los retratos de Dora Maar, y 
Marie – Therese Walter, ambos realizados por Pablo Picasso 
en 1937. Fotografía © Manuel Peñafiel
El verdadero arte es sublime y misterioso hay que contemplarlo sin escuchar las opiniones. Arte es el doloroso malabarismo de los inconformes, somos saltimbanquis haciendo atrevidas piruetas empuñando cuchillos, pulidas navajas o silbantes machetes.
Consolidar la creación pictórica, escultórica, literaria, fotográfica, poética o musical es renovar juegos de solitarios niños que lloraron en la obscuridad; criaturas que al hacernos adultos recordamos la fragmentada canción de cuna, el gélido silencio, el humo de la extinguida concordia familiar, y después de superar las trampas de la subsistencia, deseamos repetir con nuestra labor artística el vuelo de la tenaz golondrina, la grandeza de un eclipse, el bosque de las mariposas ciegas, o la vereda sin retorno hacia truncado amanecer.
A los artistas se nos enjuicia por destripar la realidad con la sinceridad que la mayoría carece, por el contrario de muchos que viven detrás del maquillaje de sus aburridas costumbres “ buenas “.
En la obra de nosotros los artistas se concentran las cualidades y los defectos de la humanidad, somos el instrumento que el azar escogió para mostrarlas crudamente, pregonamos la inanición existencial de la época que nos tocó vivir.

manuelpenafiel
Irma García Xochiquetzalli frente al retrato de Dora Maar pintado 
por Pablo Picasso en 1937. Fotografía © Manuel Peñafiel

Los escritores dibujamos con palabras la tristeza azul, describimos las cavernas de la mente, y la flacura que se junta a los huesos de los millones de pobres que desesperanzados vagan.
Ciertos fotógrafos capturamos las desorbitadas muecas de hombres y mujeres que dicen una cosa, cuando en realidad piensan o aparentan otra, evidenciamos el perverso anzuelo de la hostia, escupimos hacia la flama del cirio pervertido, los sinceros artistas intentamos pulir los fragmentados prismas de la vida, y al exponerlos muchas personas se asustan al mirarlos, sin embargo, nosotros cobijamos a la poesía anidando.
Manuel Peñafiel
Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.