miércoles, 6 de abril de 2016

La Ciudad de México, titana con inmundos pulmones y fracturadas vértebras

Texto y Fotografías de ©Manuel Peñafiel

En mi natal Ciudad de México, la irresponsable reproducción humana, la contaminación  ambiental, y la corrupción han ocasionado caos ambiental y sociológico: Manuel Peñafiel
" En mi natal Ciudad de México, la irresponsable reproducción humana, la contaminación
ambiental, y la corrupción han ocasionado caos ambiental y sociológico: Manuel Peñafiel "
Poseo en mi alforja vivencial fotografías de México, país marchito, sin lustre próspero, algunos medios informativos maquillan a esta nación para ocultar cicatrices centenariamente supuradas, por el contrario, mis imágenes son verídicas, impregnadas del afán por fortalecer la fraternidad cívica, necesarios son aquellos documentos que expongan la verdad para evitar que la incultura y la manipulación gubernamental los convierta en cacharros históricos.
Jamás conocí el esplendor de la Gran Tenochtitlan, urbe demolida en el siglo XVI por el homicida encumbrado Hernán Cortés y su pandilla de mercenarios españoles, apoyados por miles de indígenas que odiaban a los azteca, moribundos ya, por la viruela y el sarampión traídos en los hediondos buques de los invasores cobijados por la pervertida Iglesia Católica.
La ocupación hispana duró cinco nocivos siglos, durante este lapso, los indígenas que habían apoyado a Cortés fueron esclavizados para acarrear las piedras con las que se construyeron iglesias y catedrales de mediocre arquitectura, además de las residencias de los ibéricos que residían en la Nueva España.
En 1810 comenzó la Guerra por la Independencia, culminada en 1821. México jamás logró su independencia económica y cultural, de esto se encargaron los retrógrados conservadores amancebados con el Vaticano.

Muchos mexicanos engendran hijos para obligarlos a trabajar.fotografía Manuel Penafiel
                    Muchos mexicanos engendran hijos para obligarlos a trabajar.
En el siglo XX, la capital del país prometía ser magnífica metrópolis, sin embargo, las carencias siempre han azotado a los pueblerinos forzándolos a trasladarse hacia la capital en busca de trabajo, el éxodo ha sido abrumador, otros provincianos desdeñando su origen también se trasladaron. Mis paisanos se han reproducido irresponsablemente, sin preveer que el futuro será agriamente áspero para sus descendientes.
En la actualidad muchos de los que habitan la Ciudad de México viven un sopor irreal, piensan que su capital está a la altura de cualquier otra, la realidad es otra, la televisión comercial se ha encargado de narcotizarlos, la periferia es un desordenado conglomerado donde la gente sobrevive con las migajas que arrojan despectivamente las clases media y alta.
Numerosos capitalinos viven rumiando dentro de la burbuja de la televisión por cable, atrapados en la frivolidad de las redes sociales de donde comparten cursi filosofía alternada con chistes léperos, y paseando indolentes en los centros comerciales, sintiéndose clones de los estadounidenses. La provincia prevalece pobre con regiones miserables.

Durante décadas, Manuel Peñafiel ha documentado y denunciado la miseria en que  viven millones de sus paisanos.
Durante décadas, Manuel Peñafiel ha documentado y denunciado la miseria en que 
viven millones de sus paisanos.
La soberanía nacional ha sido subastada a las potencias extranjeras, los ingresos por la venta de materias primas se los han embolsado los políticos. Los impuestos pagados por la ciudadanía sirven para que la parasitaria burocracia viva cómodamente sobornando a los encargados de aplicar la Ley.
La atmósfera está contaminada de manera mortal en la Ciudad de México, el agua es insuficiente para saciar la irresoluble sed colectiva, la neurosis citadina es crónica, el caos vehicular erosiona la vida de millones de personas, el veneno en el aire y las erráticas muchedumbres me obligaron a abandonar mi cuna de asfalto, soy testigo del deterioro humano.
Ahora en el siglo XXI, amargamente puedo asegurar que mi Ciudad de México es una titana con inmundos pulmones y fracturadas vértebras, gente con destino sin refugio, lodosas callejuelas, hacinamientos de donde brota virulenta rabia al mirar edificios con arrogantes ventanales.
La sobrepoblación, la desunión cívica, la apatía, la sumisión a la religión, la polución ambiental, las traiciones, las hostilidades intrafamiliares, y la corrupción gubernamental han asfixiado el bienestar de millones de seres humanos que jamás serán invitados al banquete del progreso.
Manuel Peñafiel

Fotógrafo, Escritor y Documentalista

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